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lunes, 17 de octubre de 2011

Flores gigantes











Hoy le llega el turno al género Hippeastrum, una de las plantas bulbosas más cultivadas en todo el globo. Aunque hay cierto conflicto en la nomenclatura de este género, no debida a los taxónomos, sino a la confusión entre el nombre científico (Hippeastrum sp. pl.) y el vulgar (amarilis). El género Hippeastrum, oriundo de América tropical, y el género Amaryllis, otra bulbosa africana que incluye únicamente a dos especies conocidas, A. belladonna y A. paradisicola, son muy semejantes, aunque difieren sobre todo en la inflorescencia y las hojas. Cabe decir que ambos géneros pertenecen a la misma familia, la Amaryllidacea.
Los amarilis o hipeastrum, son plantas monocotiledóneas perennes oriundas del hemisferio sur, concretamente de América tropical (Brasil y el Caribe), incluso Chile y Argentina. Incluye a unas 75 especies naturales de las que han derivado multitud de híbridos (como “Red Lion” o “Floris Hekker”) dado su cultivo extensivo. Su parte vegetativa está constituida por un bulbo de gran tamaño, sobre unos 12-19 cm de diámetro, cuya parte superior es aérea, desde donde crecen las hojas, en número variable entre 2 y 7, simples e imbricadas, lineares, acintadas y anchas, ligeramente lanceoladas en el ápice, paralelinervias y con un nervio medio muy marcado, de una longitud entre 40-90 cm y de un verde intenso, brillante y ligeramente oscuro. De entre estas y durante la primavera (generalmente de abril a junio, aunque se puede forzar la floración en invierno), emerge la inflorescencia de tipo umbela, formada por un pedicelo o escapo grueso y tieso, que se estrecha conforme se acerca al ápice y de una longitud semejante a la de las hojas (alrededor de 40 cm o superior); sobre este despuntan las flores, en número variable de dos a siete –a veces incluso más-, grandes y llamativas, cuyo color va desde el blanco hasta el rojo, pasando por el rosa y el rojo-blanco variegado. La corola está formada por seis piezas consistentes y brillantes de naturaleza tepaloide que se unen en su base en un estrecho tubo. Posee seis estambres, algo curvados, que se disponen bajo el gineceo, cuyo estigma es trífido, como clásicamente ocurre con las monocotiledóneas. Su fruto es una cápsula formada por tres valvas donde están recogidas las semillas de color oscuro.
La reproducción de esta especie se suele realizar por hijuelos o por semillas, que se siembran en otoño en un sustrato rico en materia orgánica y con una parte arenosa. Los riegos han de ser espaciados y abundantes, en un ambiente luminoso y con temperaturas suaves. En latitudes como esta, es necesario protegerlos de las heladas.
Su nombre científico deriva del griego y quiere decir “estrella del caballero” por mantener la etimología de la nomenclatura inicial acuñada por Linneo para este género. Cabe decir que un alcaloide de Hippeastrum vittatum, la montanina, tiene aplicaciones en farmacología, concretamente como antidepresivo y ansiolítico.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Narcisos que anuncian la primavera



Hoy le llega el turno a una de mis plantas favoritas y que también florece en la primavera temprana, el narciso (género Narcissus). Esta planta que nació en el lugar donde un joven griego del mismo nombre se suicidó al quedar prendado de su propia imagen mientras la miraba reflejada sobre el agua, es del grupo de las Monocotiledóneas, y pertenece concretamente a la familia Amaryllidaceae. Es una planta bulbosa, que se naturaliza con gran facilidad (no es necesario adquirir bulbos todos los años…, es lo que más me gusta: lo práctica que es). Sus bulbos tunicados se suelen sembrar durante el otoño y comienzan a brotar durante el invierno, aunque su floración tiene lugar a comienzos de la primavera. Necesita un sitio luminoso aunque no excesivamente soleado y, aunque resiste bien las temperaturas invernales, no soporta los climas extremos ya que todos los representantes de este género proceden de la cuenca mediterránea y de Europa occidental. El sustrato requerido debe tener un buen drenaje, ser húmedos y con gran cantidad de materia orgánica.
Las plantas están constituidas por un conjunto de hojas verdes oscuras, basales, lineares, acanaladas, erectas, con una longitud media de 30 cm, que suelen nacer envainadas y en número variable (2-6). Las flores pueden ser solitarias o en grupo, todas ellas dispuestas sobre un pedúnculo carnoso o escapo floral que puede o no sobrepasar la longitud de las hojas. Las flores son de aspecto tubular, formadas por dos zonas muy diferenciadas: un perianto que consta de 6 segmentos triangulares, lanceolados u oblongos, más o menos estrechos, y una zona llama corona con aspecto de tubo en cuyo interior se disponen los estambres (6) y el gineceo (estigma). Tras la fecundación de las flores aparece el fruto en forma de cápsula trimera. Se recomienda que una vez pasada la floración no se eliminen las hojas y se dejen marchitar por sí solas, ya que esto favorece la proliferación de nuevos bulbillos y una mejor floración la próxima temporada.
De los 1000 cultivares que existen en la actualidad, la mayor parte poseen colores que van desde el blanco hasta el amarillo anaranjado, aunque existen híbridos de muy llamativos colores como el rojo o el escarlata. En su entorno natural crecen en prados húmedos y zonas próximas a cursos de agua y muchos de ellos están protegidos por la legislación vigente.
Como curiosidad decir que llama la atención el que presenten sustancias alelopáticas, es decir, compuestos químicos que inhiban el crecimiento de otras plantas próximas a ellas, así como otro tipo de compuestos que hayan sido utilizados en la farmacopea recientemente.
Foto: Narcissus papyraceus